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Mensaje por Adam Bourbon el Lun Feb 03, 2014 6:17 am

Belle Sagnier.17:24. Palacio de Versailles.
Los largos dedos tintineaban con cierta impaciencia y sonoridad, al seguir la musicalidad de las notas de la francesa Edith Piaf, en La Vie En Rose, una melodía que exaltaba la historia de un hombre enamorado,  y las evocaciones románticas y, para mí,  a su vez incongruentes, que le producía abrazar a su amor. Mas los gritos fuera de los pasillos, interrumpían aquella travesía tan suntuosa como   lenitiva y golpeaban dentro de la sien, buscando cita con una cefalalgia que atacaría justo en los nervios con el brío para dejar en cama, impidiéndose ignorar. Más eran los bramidos que  la clásica cadencia que se reproducía. Más eran los alaridos que la parsimonia, y la eterna clausura, y el inmenso desamparo de aquel palacio. Había algo, lo que fuese, dispar, discrepante y enfrentado a mis deseos, en aquel ambiente. La sensación de peligro que se tiene al sentir el risco bajo tus pies, y al mismo tiempo,  la abúlica y desidiosa percepción de adentrarse a un laberinto sin salida, y pensar que en algún momento podrás escapar de él, que alguien te encontrará o tú te encontrarás a ti mismo.  Había algo, lo que fuese, que me gustaba y ofendía al mismo tiempo. Eran los ruidos, el escándalo, la impresión de vida y no perpetua desolación. Era mi nueva invitada,  el tumulto, el vocerío, la nueva disputa y la gresca, el recién juguete adquirido  y una barahúnda que gritaba diversión. Sonreí con gran ánimo, en cuanto esas notas se sentían irritadas por la interrupción y dejé que aquella castaña se revolviera contra los guardias, y pataleara y exclamara sus pulmones hacia fuera, golpeara y bullera como un pez sacado del agua (o un tiburón, desatinando mordidas a su captor, dependiendo), porque sería lo único que hiciera. Una vez en mis manos, perecería en ellas o aprendería a sobrevivir con lo que yo le ofreciese como viable.

Tras ser ingresada la habitación, fue sentada a la fuerza, y me percaté del vestido limón, confeccionado en un estilo propio de otras décadas y aun así, conservando la actualidad  característica de la edad contemporánea. Alta costura, como había dictado. El color, sin embargo, podía resultar molesto y agraviante a la vista, pero se sabía compensar con la tez que naturalmente la mujer lastraba, y la complexión física, a la que parecía, podría caerle bien hasta el pedazo de tela más insulso del mundo.

Me aclaré la garganta. Suerte la suya, que por esta ocasión pensaba en gastar mi saliva. Un lindo detalle hacia la que se volvería mi esposa; excesivo, pensé al principio. Pero entonces era mejor viniese de mi boca, para que entendiese por cuál mano vendría el castigo después. Otra vez, demasiada intransigencia, de esa que ultrajaba mis viejas formas y mi tradicional conducta. Por primera vez, mis cuerdas vocales emitirían sonido de una forma directa, y a la cara de otra persona, quizá con el mismo desdén o repudio, pero a fin de cuentas, estaría, personalmente tratando conmigo. Y eso, era un gran avance del cual ni yo mismo me encontraría dispuesto a enorgullecerme.

Ya que tú no recibiste ni adoptaste una formación o educación pertinente en un apto entorno, lo haré más sencillo para ti, así que escúchame con atención, porque no pienso repetirlo de nuevo. — Por primera vez, desde que nos habíamos visto, le estaba mirando a los ojos, casi escrutando porque el recuelo en sus pupilas lucía tan muerto. —Desde ahora en adelante, yo decidiré cómo luces y qué vistes, es decir, debes parecer de acuerdo a mi posición, no como realmente eres. De lo que comes, de lo que bebes, todo está a mi criterio, no decidirás absolutamente nada. Cualquier dictamen tuyo, deberás comunicármelo antes, si lo apruebo, se hace. Cualquier atrevimiento de tu parte o fallo en la clausula del contrato, será pagado por tu padre en una específica suma de dinero. — Apenas rocé el filo de la hoja, probablemente en el papel más vistoso, y además cuidadosamente redactado. Lo empujé ligeramente a través de la mesa, perfectamente pulida, de sequoia. —En cuestión, me perteneces, eres otro de mis bienes y cualquier deliberado inconveniente que infundas, irá al agallón de tu antiguo y vetusto responsable, es decir,  Sagnier. Él te vendió,  él se hace cargo de la damnificación y menoscabo— Hablé con claridad,  aludiendo a su progenitor.
Cuando te dirijas a mí, me veas siquiera pasar,  te referenciarás como lo hacen los demás. Si no sabes, se flexiona la pierna izquierda y se retrasa un poco la derecha hacia atrás, manteniendo la espalda derecha, mirando a la persona a la que se saluda. — Espeté con una tranquilidad, quizá escalofriante —No camines frente a mí sino a mi lado. Si deseas crear distancia, entonces irás detrás y me seguirás. No te entrometas en asuntos políticos y diplomáticos, eso lo haré yo y en ese aspecto, no tienes voz ni presencia. Sólo podrás desenvolverte en los círculos sociales que yo crea benéficos y convenientes para ti. Habla, deseo escucharte, pero no me interrumpas. Necesitas mi permiso para abandonar el palacio, y en todo caso, no puedes hacerlo completamente sola. Si te apetece salir, debes comunicármelo una semana antes, no tengo tiempo para revisar tus peticiones instantáneamente, cuando te nazcan. No puedes subir ni bajar las escaleras sin sostener la mano de alguien y así, se conforma un largo etcétera. Dejé severas cantidades de sirvientas bajo tu mando, y educadoras y preceptoras que te serán de ayuda, como lo fueron para mí mientras era un niño. Te enseñarán tus interdicciones y derechos en esta casa y te brindarán libros de etiqueta y protocolo, tu deber es estudiarlos. El número de sirvientes a tu servicio, estará previamente controlado, serán pocos y condensados. — Entonces, mi cuerpo, por mero reflejo, pareció tensarse mientras la historia de mi madre se reproducía, como viejos recuerdos incandescentes, a modo de una película antediluviana, dentro de mi cabeza. —Ninguno rondará tu edad, sino uno en específico, excepcionalmente de mi confianza. En pocas palabras, seré el único hombre para ti. El adulterio está severamente castigado, para ambos, monetariamente. En cuanto eso pase, el matrimonio también se disolverá y de pasar eso, abandonarás el título real y serás exiliada. Además, hay estipulaciones para los hijos, inmuebles y asuntos que resultarán de  relevancia. No hay nada no previsto o echado a la suerte. — Lo había pensado todo, no podía salir nada mal…al menos para mí.

Puedes disponer de todo el palacio, si quieres. Está compuesto, básicamente, de tres palacios, no podrás acceder al del Pequeño Trianón y tampoco puedes, bajo ninguna circunstancia, dirigirle la palabra a su habitante. En cuanto a este palacio, sólo hay una habitación a la que no tendrás acceso, en el ala oeste. Puedes dormir donde quieras, incluso si es el ala contraria en la que se encuentra mi alcoba, no me interesa ni remotamente dormir contigoNo de momento, olvidé agregar.

En cuanto a ustedes—, giré de manera casi imperceptible el cuello, dirigiéndome a unos cuantos mayordomos presentes. — Si la señorita presente, comete alguna sandez que no debiese, ustedes, responsables, serán despedidos y reemplazados con una simpleza que insultará, pues no habrán hecho bien su trabajo y tomaré por ello, que no le están siendo de ayuda... ¿no esperan que castigue a mi futura esposa, cierto? — Reí con cierto ánimo, provocando algún mohín desosegado de canguelo en la mayoría. Sabía que estaban asustados, y aunque palideciesen en un mudo asentimiento, en su interior la incertidumbre yacía. Y sobre la madera, descansaban las tazas de porcelana conteniendo el clásico té inglés, el vapor se desvencijaba como fantasmas descubiertos, formando las formas más extrañas para aquel que prestase atención en tal banalidad; en el centro, trufas de Langhe, chocolate Amadei Porcelana y macarones hechos a base de mantequilla, merengue y chocolate.


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Re: I have a lot to tell you. Would you stay if you knew my whole story?

Mensaje por Belle Sagnier el Dom Feb 16, 2014 7:44 am

La canción de feliz cumpleaños no había llegado a su fin cuando me extrajeron de mi hogar, las palabras se habían quedado suspendidas en el aire mientras me sacaban por la puerta a la fuerza. — ¡Le he dicho que me suelte! Padre… —sus palabras de consuelo no eran suficientes para calmarme o aclararme la situación; me convocaban ante el príncipe pero yo no sabía que mal había cometido ante él. —Te hablaré lo juro —no lloré, nunca lloraba, mi padre ya era un hombre con edad y si podía ahorrarle las penas lo haría, siempre había sido así; me besó el dorso de la mano antes de que el carro negro blindado arrancara sin la menor  preocupación de lastimar a alguien. El interior del auto era simplemente lo que los expertos podrían llamar exquisito, el tacto con mi piel era tan suave que muchas veces me vi frotando los dedos en contra de los asientos de piel. Versailles estaba más lejos de lo que esperaba y de la angustia me había quedado dormida en contra de la ventana, en una posición poco cómoda pero que no impidió mi sueño.

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Era yo, no, no era yo, era mamá pero se parecía a mí, solo que más bajita y con el cabello hasta los hombros, me sonreía y giraba la cabeza cada vez que me perdía de vista por las vueltas que yo daba alrededor de ella. Era hermosa, tenía algo en la piel que la hacía brillar y reflejar los rayos de luz distinto, como si ella misma fuera el sol y se divirtiera con ver la mortalidad de los demás. Sabía que no me parecía a ella, el sol no me envolvía de la misma forma, ni siquiera sonreíamos igual, ella era mucho más encantadora, como salida de un cuento, de ninguna forma podía ser como ella. Ella había dejado de ser por mí y no estaba segura de que yo podía dejar de ser por alguien. El sueño se rompió justo en el momento en que pensé aquello; mi madre desapareció como fantasma enfrente de mis ojos y justo cuando quería poner mis brazos sobre su cuello y decirle que no me dejara caí al piso despertando así a la realidad.

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Señorita hemos llegado, baje por favor es muy importante que esté lista—por primera vez dejé que pusieran sus manos sobre mi cuerpo, el sueño me había confundido que permití que me jalaran delicadamente por uno de los pasillos de ese Palacio. Era verdad y no una fantasía, yo estaba tan fuera de lugar que la misma Maria Antonieta mandaría a cortar mi cabeza y estaría furiosa de que alguien tan normal estuviera profanando su palacio. Muchas habitaciones, muchos ornamentos, vi tanto de todo que ya no me sentía real, un fantasma que admiraba desde otro mundo y de no ser porque no creía ni en el destino ni en las otras vidas creería que si estaba dentro de un espejo. Una puerta se abrió dejando ver una habitación más grande que mi casa, tenía un tocador, una pequeña cama, varias mesas con dulces y mucha pero mucha ropa, nada de aquello me llamaba la atención si no los hermosos cuadros que adornaban cada pared; Monarcas suntuosos que esperaban ver mi primer movimiento. La puerta se cerró de golpe, estaba sola pero no duró mucho aquella paz adornada de oro pues llegaron siete mujeres a presentarse como quién sabe que del palacio. Caminé hacía atrás cuando las siete mujeres avanzaron hacia mi persona y en un acto que violaba todos los derechos humanos, como la privacidad y el espacio personal me despojaron de la ropa; mi vestido rosa había ido a parar una bolsa, igual que mis zapatos nuevos de tacón, quedé desnuda, vulnerable ante ellas. — ¿Qué hacen? No…—me hicieron enfundarme en un horrible vestido color verde limón, bueno realmente no era horrible en sí, lo que era horrible era el color, lastimaba mis ojos.

Se ve preciosa—yo no entendía. — ¿Por qué es tan importante verme preciosa? Al morir seré igual que todos… huesos, entinces nadie me encontrara ni remotamente bella—me subí a unos tacones que a mi gusto parecían tres centímetros más altos que los que ya traía, la única diferencia es que eran de una marca reconocida. —Bueno, es muy simple, sus huesos están bien cubiertos por ahora. Es como un regalo, debe verse bien el exterior y…—me iba a girar para decir que no era ningún objeto cuando me forzaron a mantenerme mirando al espejo mientras tironeaban de mi cabello para alzarlo y amarrarlo con una liga. —Señorita quédese quieta—tiraron una veces más, después comenzaron a ahorcarme con un collar que parecía más bien una trampa mortal. Me abandonaron diciendo que iban a anunciar que estaba lista, mire el espejo y me veía como… no sabía quién era la del espejo pero era una chica triste, confundida, no era ella aunque me parecía. Fase de negación. —Venga con nosotros—los hombres de al principio regresaron y entraron sin tocar; al estar más lucida que hace unos momentos quité la mano antes de que se me acercaran más. —No se atreva a tocarme insolente a menos que hay leído por lo menos un capítulo del Arte de la Guerra y como supongo no lo ha hecho de una vez le digo que se aleje—me levanté y me dirigí a la puerta. —Puedo caminar sola que para eso tengo dos piernas—lo miré de arriba hacía abajo. — ¿Me va a mostrar el camino? —giré los ojos antes de seguir al hombre nuevamente por más pasillos hasta que llegamos a lo que parecía ser el lugar del encuentro.

Entre a la fuerza, tomé lugar en una silla y lo pude ver, en tele no parecía tan alto. Subí una ceja, esperaba encontrarme un gran hombre, al mejor príncipe de Europa pero mis expectativas decayeron pisoteadas por la realidad insulsa de sus palabras ¿Y aquello nos gobernaría? Igual escucharía lo que tuviera que decir, y vaya que dijo muchas cosas per de todas solo una me molestó de sobremanera o bueno no una, si no el conjunto de barbaridades que salían por su boca. Terminó de hablar, era mi turno. Me levanté omitiendo la hoja de papel, quería sondear la situación y aunque podía ser obvio que la víctima o perjudicada era yo, solo se era víctima cuando comenzabas a actuar como tal. Un nuevo oleo llamó a mis pupilas curiosas, caminé hasta él. —Le Sacre de Napoléon, aunque una réplica jamás creí verlo tan cerca, de hecho me parece curioso que este esté aquí y no el original, supongo que los accidentes en casa también aplica a los palacios—me volví a encararlo. —Su Alteza aunque usted no pueda ver o creer que mi educación sea lo suficientemente digna de su presencia le digo que al menos se cómo dirigirme a usted. —hice una reverencia, tan descriptiva que pareciera el mismo me manejaba. —Pero como ya habrá usted notado no tengo buena casta, ahora hablando de sus condiciones que si me permite decirlo encuentro arcaicas tengo cierta reticencia—me aproximé hasta poder tomar el papel en mi mano y escanearlo sin detenerme mucho.

Solté una pequeña risa. —Primero que nada gracias por prestar los servicios de su palacio ante mí—dije con los ojos clavados en la hoja bastante divertida. —Pero no sé quién crea que yo sea o que no sea, tampoco me interesa saber cómo es que mi padre decidió vender pero si es que tengo que pagar su deuda entonces lo haré, lo que me lleva a decir que si está de acuerdo, dudo que lo está pues un príncipe sabe de estás cosa diplomáticas no haré caso a esto aún pues me falta leer las letras pequeñas—lo miré por primera vez. —Y no es que desconfíe de usted o de sus palabras también armadas de elegancia, es puro protocolo Alteza, de seguro haría lo mismo usted en mi situación—dejé el papel de nuevo en su lugar de reposo. —Llevaré acabo esto cuando lo crea conveniente pero como veo que no me dejar ir pues para usted las promesas se cumplen entonces eso me hace su invitada o huésped ¿Cierto? Y es que perdóneme pero aún no estoy dispuesta a ser su esposa, espero no estar siendo insolente de seguro muchas matarían por el puesto pero muchas no es una palabra que vaya conmigo. —Ni ahora ni nunca, el matrimonio estaba lejos de lo que quería.

Prometo callarme pronto pero estoy cumpliendo uno de sus puntos, él que más me gustó ¿Quieres escucharme cierto? Bien, yo quiero expresarme—volví a sentarme pacientemente—No esperé que vaya tomada de las manos con todo el mundo, tampoco crea que mi voluntad será suya, mi cuerpo, bien puede tenerme aquí pero sería lo más que obtendrá ahora que si pregunta aplaudo su visión moderna de la vida ¿Caminar junto a usted? Jamás lo creí a decir verdad más prefería ni siquiera estar en este cuarto, ni en ningún otro y supongo que usted siente lo mismo y por eso no daré problemas, por lo demás de seguro ya sabe cuál es mi respuesta… Igual prometo no hacerlo esperar tanto y tener esto de nuevo a su disposición en cuanto antes—miré a los sirvientes de pronto, parecían demasiad asustados, como si acabaran de ver alguna masacre. Lo que me confundió de aquello fue no sabía si estaban así de estupefactos por él por mi o por ambos.

Quisiera preguntar algo—levanté la mano como si estuviera en el salón de clases de la Universidad que al parecer dejaría por alguna acción de mi padre que no entendía. —Disculpen ¿Ustedes tienen un contrato? Si es así, entonces no serían despedidos tan injustificadamente y aunque no lo tuvieran, si tienen como comprobar que han trabajado aquí por más de seis meses la ley los ampara ya que esta es una monarquía parlamentaria, no se preocupen—le di una palmadita a uno de los trabajadores antes de cruzarme de brazos—Alteza ¿Eso es todo? Si es así, me gustaría saber en dónde pasaré cautiva todo este tiempo que espero sea el suficiente para que se dé cuenta que no nací siendo una muñeca de porcelana, tampoco planeo serlo, no se me da el síndrome de princesa y siendo sincera no nos vemos tan bien juntos, claro esto es por mi falta de encanto—hice otra reverencia antes de caminar a la puerta. —Lo olvidaba…—me regrese para hacer una reverencia y jalar con el dedo índice en papel que debía examinar hacía mí. —Ahora si no le molesta en su posesión hay más cuadros que me gustaría apreciar. —espere su respuesta, negativa por supuesto, hombres como él, llenos de poder harían y hacían de todo para demostrar que tan alto se paraban y no me molestaba, aunque el príncipe me parecía todos menos encantador o carismático, e incluso me indignada como nadie jamás debía admitir que aquella mueca en sus labios resultaba tan satisfactoria.


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In front of you is gold.Surrounding you, are rivers from heaven, waterfalls, are behind you, all made of tears from an  angel. Look inside you. Open your eyes Princess, love is the name of where you're living. Inside me.
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