Tablón de Anuncios
¡Guten tag! Diciembre y enero en Viena, tiene temperaturas medias de 0ºC, alcanzando con facilidad mínimas de hasta -5°C. Sin embargo, cabe recalcar, el invierno aquí sólo tiene una o dos semanas muy por debajo del punto de congelación. El resto de los días, podrás disfrutar de una abundante luz solar. Sin embargo, asegúrate de abrigarte lo suficiente antes de salir, ¡los resfriados están a la vuelta de la esquina! Con frío, con esos guantes mullidos imposibilitándote de maniobrar, el abrigo pesado e indispuesto a permitirte mover con libertad, conjunto al gorro especialmente de la época y la bufanda, en aparencia llameante por el vaho de la respiración. El momento de ver esas impresionantes avenidas –porque si algo se puede decir de Viena es que es una ciudad Imperial– con sus coches de caballos y sus tranvías. En nuestra mente se mezclan imágenes de Sissi Emperatriz con las de El Tercer Hombre y su Wiener Riesenrad, la noria del Prater.
Rincón de los sueños
Reservas de CB Hoy la CB no está reservada por nadie, puedes pasar tranquilamente. ¡Adelante! y ten en cuenta las normas de cb que hemos establecido para todos los usuarios, sin excepción.


Anuncios Administrativos
El grupo de Realeza esta limitado a Pj's Canon.

¿No sabes donde o como rolear? Tranquilo. El punto de encuentro o reunión de todas las historias es Viena pero encontrarás subforos de los Continentes en donde podrás rolear según tu historia o nacionalidad.


NovedadesTodas las imágenes aquí abajo son las últimas novedades del foro. Cada vez que cambie la imagen de estos cuadros pequeños, es porque hay una nueva actualización.
Clikea!
Cenicienta
MP / PERFIL
Créditos
Este skin y tablon han sido diseñado por Fanatica_77 para Source Code, por lo tanto esta prohibido copiar de cualquier forma o distribuir los códigos. Se original di no a la copia.

Éramos distintos… yo tan primavera y ella tan invierno; como la luz y la sombra, éramos opuestos, pero nos amábamos; yo amaba su frialdad y ella amaba mi calidez; algo nos faltó pero nunca supe que fue.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Éramos distintos… yo tan primavera y ella tan invierno; como la luz y la sombra, éramos opuestos, pero nos amábamos; yo amaba su frialdad y ella amaba mi calidez; algo nos faltó pero nunca supe que fue.

Mensaje por W. Eugene Finkelstein el Lun Feb 03, 2014 9:10 pm

Bosque — entre las 00:00 y las 3:20 am — Rapunzel Eiffel.
Entonces pude ver a los lejos a papá con su sonrisa ladina, esa que estaba costumbrado a ver. Una que transmitía nada más que deseos de entenderme, de querer protegerme, de no molestarme, pero a la vez estar presente. Muchas veces dejé de hacer muchas tonterías recordando que esa sonrisa me esperaba en casa, tenía un truco muy barato conmigo, pero me hacía detenerme... quizá sería el único capaz de lograrlo. Era un viejo incondicional, que escuchando la música a todo su potencial, se acercó a mí, para preguntarme un suave "¿y cómo va la fiesta, compadre?". De toda mi vida, no recuerdo ni un sólo momento en el que no me haya sentido orgulloso de tener un papá como el señor Finkelstein. Esa instancia, viendo a tantos chicos desordenando su hogar perfectamente ornamentado, algunos colgándose de las cortinas, otros saltando sobre los sofás de cuero y derramando bebidas sobre los muebles por los cuales gastó mucho dinero. Y es que, mi viejo siempre negaba con la cabeza y decía que no importaba, que lo material volvía a recuperarse. Eso jamás se me olvidó. —Lamento el desorden viejo. Es fin de semana y todos estuvieron esperando esta fiesta hace mucho...—me quejé posicionando mi mano derecha sobre mi nuca con timidez, casi. Se rió mientras se aflojaba la corbata de color carmín y me quitó la gorra con el logo "supreme" en letras grandes poniéndosela en su cabeza. Reímos juntos un instante y me dio unas palmadas en la espalda. Eso significaba que me dejaría solo. Se alejó entre la multitud, subió las escaleras con lentitud, estaba cansado, lo sabía... pero él trabaja por mí. Eso era lo que más me dolía.

¡Eh! ¡Walter Eugene! ¿Qué haces solo por aquí? Toma una cerveza, amigo... la noche es larga—sonreí ahora dirigiendo mi mirada a mi amigo. Recibí el vaso de inmediato y lo llevé a mis labios, para tragar la bebida rápidamente. En un segundo le entregué el recipiente de vuelta para que bebiéramos otra ronda.

Cuando abrí los ojos, sentí un dolor intenso en la cabeza, me levanté con brusquedad y observé que quedaban menos en la casa y una chica cayó al suelo, por mi culpa, deduje rápidamente que estaba durmiendo sobre mi pecho. Traté de identificarla, de seguro era de la universidad pero no recordaba su nombre, la ayudé a levantarse y la dejé otra vez en el sillón mientras jalaba mi brazo. Caí algo torpe cerca de ella, lo suficientemente cerca para que me robara un beso de los labios, le correspondí algo incómodo e hice nuevos intentos por ponerme de pie. Me quedó el sabor de su cerveza en la boca, me relamí los labios y me encaminé tratando de buscar a los chicos, no fue tan difícil encontrarlos. Estaban todos completamente ebrios jugando a ver quién se lanzaba a la piscina de manera más cool. Ninguno ganó, eran demasiado ridículos. Cuando me vieron, me ofrecieron más bebida, perdí la cuenta y me vi envuelto en el mismo grupo de borrachos que ellos. —¡Eugene!—gritó alguno, estaba tan nublado que no pude identificar su voz—Tienes que consagrarte ahora ya, ¿cuántas locuras has hecho el día de hoy?—todos comenzaron a gritar y me levantaron hasta las afueras de mi casa. Todos fuimos atacados por una ola de risa y nos golpeábamos sin sentido, sólo de idiotas. —Bien, bien... ¿qué debe hacer el rrrrrey de la fiesta?—grité levantando mi puño en lo alto. Todos se animaron y uno se dirigió a mi, en forma comprometedora, abrazándome—algo fácil... pero con eso te coronas por muchos, muchos, muchosss años, Walter Eugene.—todos rieron, nos gustaba jugar con eso de llamarnos por ambos nombres.—¿De qué trata?—lo alejé de un golpe, pero pude percibir como todos estaban expectantes por el reto—Robar la corona de nuestra princesa perdida... ¿podrás o es demasiado para el gran señor Finkelstein?—rió y reí con él—¡Acepto!—.

Mientras el grupo de borrachos avanzábamos entre las calles, comencé a buscar en mi teléfono celular el nombre de unos de los cercanos de los guardias del palacio. Agradecí internamente tener mis contactos y le mandé un pequeño mensaje, el cual dentro de segundos fue recibido. El chico me aseguró que podría entrar por una pequeña ventana sobre el techo del palacio, para ello necesitaba una soga que me tendría uno de los guardias al principio de la calle que me llevaría hasta el lugar del asalto. Ahí estaba, les pedí a los chicos que me esperaran en un lugar donde no hicieran ruido y con la ayuda del guardia, pude entrar y robar la corona sin problemas. Lo malo y torpe fue, que al intentar salir con rapidez y mi estado de ebriedad no me ayuadaba mucho, terminé derribando un montón de jarrones y estatuas que estaban colocadas alrededor. Eso alarmó a los perros y a los guardias que sí eran aliados fieles a la realeza. Me escabullí con rapidez, mientras corrí como nunca lo había hecho, mis amigos corrieron conmigo, pero en dirección contraria, dejándome sólo a mi suerte. También fue posible escuchar cómo el guardia que me había ayudado gritaba a los demás, que me había visto y le fue imposible atraparme. Mentiroso, pensé risueño, mientras recobraba el miedo y pensaba un lugar donde poder socorrerme.

El bosque parecía la única opción, por lo que me adentré y corrí con desesperación totalmente perdido, pero prefiriendo mil veces aquello que ser atrapado por la policía. Ya veía a mi padre angustiado, con la mueca de decepción, de qué hice mal. Hacía que la estupidez que hice, me diera un mal sabor de boca. O quizá era el mucho alcohol que bebí durante la noche.
A lo lejos, vi una torre muy vieja, jamás supe que existía tal cosa... parecía un lugar seguro, escalé aún escuchando el ladrido de los perros buscándome, tan rápido como pude y haciendo trizas mi pantalón LL Bean, me importó bien poco, sólo aspiré a llegar y estar a salvo. Alcancé la ventana y entré, sacudiendo mi ropa y respirando agitadamente. No fui consiente de dónde estaba ni de qué tipo de torre sería, pero tan rápido como intenté retroceder, sentí que mi cabeza ardía y todo se nubló de repente.
avatar
W. Eugene Finkelstein
Habitante de Austria
Habitante de Austria


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Éramos distintos… yo tan primavera y ella tan invierno; como la luz y la sombra, éramos opuestos, pero nos amábamos; yo amaba su frialdad y ella amaba mi calidez; algo nos faltó pero nunca supe que fue.

Mensaje por Rapunzel Eiffel el Dom Feb 09, 2014 1:19 am

Apreté los ojos con fuerza, probablemente no sería una exageración apostar por el hecho de que era la centésima ocasión que lo hacía, con la certidumbre que en algún momento éstos morirían y caerían a plomo por su propio peso, producto del sopor. Sin embargo, habían ya pasado, con exactitud, dos horas y cinco minutos… de los cuales Morfeo no había poseído segundo alguno. Cualquier sonsonete me resultaba estentóreo en esos instantes; fuésemos desde la leve oscilación de las agraviadas copas desnudas de los árboles, humilladas por el perecedero invierno o el chirriar de los muebles, y los nocturnos sonidos de pájaros graznar o el viento soplar con ímpetu, bisbiseando un lenguaje no inteligible para nosotros, quienes con poca agudeza y sagacidad oteábamos a la naturaleza, en su fría muerte.

La luna, que esa noche era visible como un disco frío detrás de una capa gris de nubes, había quedado oscurecida casi por completo por un cielo grumoso y plomizo. La luz sin sombras provocaba una sensación ominosa, el rostro de un universo frío, indiferente como el hielo. El candil que era usualmente aquella »bola de queso«, como infantilmente la había llamado Johann mientras éramos sólo unos niños, se advertía a lo lejos, apagada como un faro fundido y con la impotencia de alcanzar a irradiar a través de la ventana y cribarse como un indeseable invitado.
Entre los almohadones me removí, con cierta molestia y cuando extendí una pierna, sentí como un objeto conquistaba una fatalidad hasta el suelo, supuse »Guerra y Paz«. Llevaba tres años leyéndolo, cambiando intermitentemente entre ése y, de un modo incongruente, el »Walden«,de Thoreau.

Abrí los ojos de golpe, saciada de esperar que mágicamente desmoronara en un apacible letargo bien a lo “sleeping beauty”. Y entonces pensé, lo desmoralizada que me tenía la penuria de sueño, ¿alguien había leído una vez ese cuento, y darse cuenta cómo había terminado así y qué había acontecido mientras la modorra la tenía tendida a lo largo y pleno? Gothel detestaba a la Cenicienta, y a la Bella Durmiente…me refiero, los cuentos originales, esos que vienen embalados con admoniciones dudosas y son todo, pero rosas pastel; tiran a la versión descarnada, cruda, y padecida de un vistazo más acertada a nuestra realidad, en lugar de una crónica atrayente para nenes. Mi madre me había leído los cuentos originales, cuando tenía como quince o catorce años. También habíamos visto la »Belle Endormie«, de Catherine Breillat; como siempre, los cuentos de hadas, han sido siempre una fuente inagotable de argumentos para el cine. Sólo que, no era la edulcolorante versión como la hegemonía adaptación de Disney, es decir, las hadas buenas de la Belle Endormie, eran ninfas púberes que retozaban semidesnudas en un río y, la hada que lanza la maldición, una mujer vieja, seca, sexualmente acabada, que, siguiendo la premisa del cuento, predice la muerte de la princesa recién nacida.
Esa, señores, era la (per) versión de Breillat. Nunca le digas a un chico que estás enamorada de él.

Gothel tampoco me dejó a jugar ser princesa. A las niñas nos gusta eso –inicialmente-, las coronas, los tacones, los boscosos vestidos y los carruajes con corceles blancos, con alguna insignia a realeza, bien a lo siglo XVII. Cuando la realidad te trae de un golpe sordo a pues…hacia ella, ya es otro asunto. Gothel me comentó que el poder era una carga, yo no podría sostenerla – me dijo. Que, estar tan alto podría traerte en un parpadeo de ojos, tan bajo que sería un fastidio y un dolor en el orgullo. Supuse tenía razón.
Mientras mi extenuada cabeza se concentraba en diversos temas, un crujir me alertó, otra vez. Podría ser parte de mi fantasía, pero…tal vez no, éste había sido diferente de todos, éste en particular me amedrantaba y me asustaba. El estruendo de algo allá afuera, era continuo y no se escondía y se disimulaba, era torpe y beodo, deliberadamente haciéndose revelar. No era mi imaginación, alguien venía hacía aquí.
Me levanté, acomodando la pijama rosa de conejos –regalo de Johann, quien no podría haber obsequiado algo más lindo-, y me apresuré a salir al pasillo y confianzuda, entré a la habitación de Pascal –donde no debía, porque Gothel decía era una falta de respeto y ese tipo de cosas-. Había hecho ruido deliberadamente, pero Pascal dormía plácidamente, o mejor dicho…estaba más muerto que vivo. Lo moví ligeramente —Oye…Johann, Johann, ¿has escuchado eso? Dime que lo has hecho — Pero no me respondió. Estaba totalmente ido. Negué con la cabeza, desesperadamente y me mordí el labio inferior con insistencia, ¿qué hacía? Siempre que tenía un problema, recurría a él. Y Gothel, quien sufría de una extrema paranoia y delirios de persecución, me sobreprotegía y cualquier sonido fuera de lo normal que escuchaba en la pieza de arriba, la hacía venir hacia mí, con inquietud, y preguntar quién había estado ahí. A pesar de que, en realidad yo sola provocaba tales estruendos sin intención de. Pero, raramente, no había acudido esta vez.

Me di por vencida y salí atareada de la habitación de mi mejor amigo, olvidándome de cerrar la puerta tras de mí. Volví hasta mi alcoba y agachándome, tomé una sartén de por debajo de la cama. Siempre la mantenía por “si acaso”, después de todo no era capaz de manejar algo más sin lastimarme. Una sartén no me haría nada nunca, creo…
Me resguardé en la oscuridad. Los sonidos eran cada vez más palpables y claros, que adiviné no estaba imaginándolos y venían del exterior. Esperé cerca de la ventana, mi especie de “portal” al otro mundo, desconocido para mí. Un espectro, lo llamé así, cruzó por ésta de repente y mis orbes se abrieron desmesuradamente ante la corazonada. Por vivo reflejo de mi cuerpo, y el instinto a supervivencia –así lo llamaban los libros-, atiné un sartenazo al “fantasma”… ¡qué idiotas, y el resto decían que los espíritus y aparecidos eran traslúcidos y diáfanos, imposibles de atravesar y poco sólidos! Pues yo, Rapunzel, acababa de dejar uno inconsciente. Cayó de nariz al suelo y yo sólo di un paso hacia atrás, para que no cayese en mí. Eso debió haber dolido. Esperé unos segundos y lo moví con la pierna, no respondió, lo había dejado indefenso, ¿no que muy salsas los fantasmas? Orgullosa de mi “rápida reacción” y con la seguridad de que me encontraba bien, me acerqué a los interruptores y encendí la luz.
Después quedé estupefacta. Aquel no era un demonio sino un hombre. Rayos.

¡De cualquier forma!Seguro no tenía buenas intenciones, es decir, ¿cuál podría ser su coartada? Las personas no entraban a las ventanas de otros sólo porque…pues… ¡sólo porque sí! Con la sartén en mano, me volví a acercar al moribundo, lo volteé. No parecía respirar, ¿estaba respirando? Despavorida, traté de reanimarlo, le di unas buenas cachetadas en el rostro y nada. Ni así. Acerqué mi oído hacia su pecho, donde debía estar el corazón. Parpadeé confundida por unos segundos. Creo que lo había matado.

Entré en pánico. Estaba segura que ese era un crimen aquí y en China, ¿cómo podía ocultar mi tan despiadado homicidio? Tal vez debería empezar por ocultar el cuerpo, ¡sí! Ocultarlo era lo mejor que podía hacer…pero…yo sola no podría hacerlo, apenas lo hacía para caminar con mi propio peso, ¿cómo haría para cargar con otro? La respuesta tenía ojos vivarachos y joviales y una cabellera rubia tan ambarina como la mía. Corrí nuevamente hacia la habitación de Pascal y lo moví con violencia. Si ese también se había muerto a mitad de la noche, lo reviviría a golpes.

Me trepé a la cama y me puse encima del rubio, comencé a zarandearlo, queriéndolo despertar —¡Johann, Johann…escucha, he matado a alguien!¡Hice que se lo llevara la calaca! ¡Y era guapo, muy guapo! —, comencé a gritar con impaciencia, al borde de las lágrimas.
avatar
Rapunzel Eiffel
Habitante de Austria
Habitante de Austria


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.