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Mensaje por Ophelia Igärzahbal el Jue Feb 06, 2014 2:53 am



(every rose has its thorn).
Soren Larsson | 18:30 pm | casa Soren, Estados Unidos
Me coloqué de pie, mientras no quitaba mi vista de entre los árboles más grandes que se disponían a los lejos. Estaba muy segura, que eran los olmos que se encontraban perfectamente ubicados cerca del que era mi barrio. Donde solía ubicarse mi cómoda vida. Levanté mi mano derecha para impedir que los rayos solares me molestarán y con un extraño sentimiento en el pecho, me limité a suspirar y negar con mi cabeza. Debía hacerme creer que esta idea alocada, terminaría por arreglarme la vida, aunque muchas veces oí que nadie debía huir de los problemas, me sentía totalmente en contra de aquellos dichos, justamente en estos momentos. Narcisse parecía encajar incluso mejor que yo, en el mundo que formaron exclusivamente para mí. Sin embargo, cuando ella llegó, se me hacía todo desconocido y yo era una chica que no encajaba en sus pláticas, que aburría muchas veces, la invisible.

Caminé con cuidado, entre los escalones de entrada, hasta llegar a la puerta de madera, algo deteriorada. La empujé y me encaminé al televisor que estaba en la sala principal -como me encantaba llamarle- busqué el canal nacional con rapidez, al mismo tiempo en que movía la antena para que la señal se viera en perfectas condiciones. Estuve varios minutos tratando de hacer algo por mi misma. Soren dejaba que yo hiciera lo que quisiera en su hogar desde que llegué y me ofreció una vieja y mal cuidada habitación, que no compartiría con nadie -lo cual agradecí infinitamente- pero, eso significaba también que debía hacer todo sola, porque ya no habrían criadas ni empleadas que me ayudarán con los quehaceres hogareños. Logré una pantalla algo decente y me emocioné al oír la orquesta Nacional de Francia en televisión. Retrocedí, hasta posicionarme entre el sofá y el aparato electrónico, tomando delicadamente mi fiel violín, que reposaba en una mesita barata.

La magia no tardó en llegar. Cerré mis ojos y, apoyando ligeramente mi cabeza sobre el violín y haciendo que mis dedos movieran el arco sobre las cuerdas. Representaban “La Bohème”. Dejé que las notas salieran vagamente, procurando recordar la melodía de esa obra sinfónica que había aprendido hace algunos meses. Hubo una pequeña pausa, en la que me quejé internamente. Dejé mi violín apoyado en los cojines del sofá y me senté a su lado, esperando que el receso terminara. Mis zapatillas de ballet, estaba perfectamente ordenadas en mi bolso, el cual tomé para sacarlas y ajustarlas a mis pies. Hice un pequeño pre-calentamiento y para cuando volvieron, estiré mis brazos tratando de llegar al cielo, mis brazos pasaron de la tercera a la cuarta posición a la par con mis pies. Y en justo en el clímax de la música clásica, sostuve un arabesque, pasé un relevé passe y respiré profundamente para alcanzar un grand jeté a la perfección. Me impulsé con seguridad y cuando alcancé la altura que quería, tropecé con los muebles y un montón de desorden típico de hombre, que no tomé en cuenta y arruiné tanto el lugar, como mi perfecta presentación.

La música comenzaba a aminorar su volumen, escuché los aplausos y me toqué los pies. Comenzaban a arder, los moví sintiendo dolor y la sangre se vislumbró por entre la pálida tela de mis zapatillas. No sabía por qué internamente estaba odiando a Soren, sabía que él tenía la culpa.

estúpido Larsson, eres... un bueno para nada.—no quería llorar, pero el dolor aumentaba con cada quejido.
thanks rapture
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Mensaje por Soren Larsson el Sáb Feb 15, 2014 7:54 pm

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Soren | Ophe | L.S| Romance | USA
Desde que se había llevado a Ophelia, ¿O debía decir acaso que Ophelia se fue con él?, Soren trataba con todas sus fuerzas de ser un buen chico para ella, antes de que todo pasara se aseguró de limpiar su casa y darle el cuarto en donde él dormía, lo había acondicionado para darle lo mejor, en sus posibilidades a la pelinegra incluso había dejado de robar y juntarse tan seguido con esos amigos que la chica llamaba “malas influencias”. Le costó, le costó mucho, los vicios de toda una vida no podían ser olvidados tan fácilmente pero ya tenía un trabajo en una pensión de autos, le pagaban poco y tenía problemas con las distracciones pero había llegado al mes sin más problemas que una reprimenda por haber llegado tarde una semana; una situación que para Soren no valía la pena mencionar o recordar aunque Ophelia se lo hubiera puesto difícil con todas las preguntas que le hizo, que obviamente él no respondió y que acabaron en una pelea. Soren sentía cosas por Ophelia pero a veces no se medía en hacerle ver lo irritante que se podía volver con sus actitudes de niña rica pero eso era lo que más le gustaba de ella, todo lo refinado, lo hermoso, lo espléndido que ella era así que por muy molesto que se sintiera siempre acababa solucionando la situación pero no dejaba de sentirse mal, quería darle más cosas y lo único que había conseguido ofrecerle había sido un juego nuevo de sabanas de color lila, bastante caros pero que por la textura, según él, valían la pena. Desde hace una semana venía planeando aquello, no era muy romántico, de hecho le costaba decirle a la chica cuanto la quería y se limitaba a decirle que le gustaba pero esa vez era diferente, tenía en mente una idea que tomó prestada de una película: Una cena.

Actúo normal todo el día hasta que de pronto dijo que regresaría después y no iba a hacer nada malo, a decir verdad por muy poco masculino que se viera él mismo iría a comprar las cosas de su cena especial, claro que terminó por medir ayuda a una mujer del centro comercial pues no tenía idea de nada más y el dinero tampoco le alcanzaba para tantas cosas. Salió con media barra de pan, dos litros de una especie de vino espumoso que no era vino pero parecía vino, ensalada de lechugas con arándanos y algo que le dinero se llamaba pechuga cordon bleu. Se sintió bien de solo pensar que había preparado todo el solo, bueno lo había comprado el solo. No tomó el metro, fue y regresó caminando. Jamás había sido tan atento con una chica, normalmente no conocía muchas y las que conocía no eran tan especiales pero ella era distinta, lo hacía hacer cosas tan poco comunes que planeaba no decirlas jamás a nadie. — ¡Vaya Ophelia no creía que así de inútil me considerabas!—no llegó a entrar al pequeño departamento, se quedó parado bien el desorden el violín y a la chica tirada en el piso. —Tampoco sabía que las niñas ricas tuvieran un vocabulario tan fino—ya no estaba de humor para cena romántica ni regalitos melosos; era uno de los mayores problemas con Soren, se encendía en cuestión de minutos llevándose al carajo todo. Terminó por entrar sin preocuparse demasiado por Ophelia, tiró las cosas que había comprado en el sillón sin importar que hubieran botellas de vidrio ahí.

Lamento no tener más espacio para ti y tus bailes—se acercó a ella con indiferencia. Ver la sangre no le espanto, en cambio tomó a la chica en brazos y la sentó sobre la mesita que ocupaba como comedor. —No puedo creer que seas tan tonta, es obvio que esto no es un salón de baile—la tomó del cuello con ambas manos e hizo que lo mirara fijamente. —No puedes hacer lo que hacías antes Ophelia ¿Si entiendes? Simplemente ya no es lo mismo, no entiendo por qué no lo acabas de asimilar—se agacho para quitar la zapatilla de ballet con cuidado. — ¡Maldita sea! —murmuro viendo el daño que se había causado, no podría curarla el mismo, tendría que llevarla a un hospital y pedirían ciertas cosas que él no tenía porque jamás se había molestado en ir con el gobierno para que le dieran un carnet del seguro y justo ahora se lamentaba. —Vamos ya y ni te atrevas a quejarte o golpearme, la única culpable aquí de esto eres tú—que la jovencita llorara parecía no importarle mucho, de hecho parecía que no le importaba nada pero así era su forma de actuar, tan preocupado que se olvidaba de que ella lloraba por el dolor y porque estaba siendo, y era, un gran cabrón. —Nadie te dijo que te sintieras la prima ballerina de algún ballet—volvió a cargarla para ir en busca de algún médico que pudiera curarla ya que él estaba limitado de muchas cosas. Salió por la puerta sosteniéndola bien, estaba molesto, muy molesto, podría olvidarse de su cena pero eso no era todo, comenzaba a creer que incluso debía olvidarse de la misma Ophelia.


Bonita, puse un gif que nos representa.
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Re: (every rose has its thorn).

Mensaje por Ophelia Igärzahbal el Miér Feb 19, 2014 10:08 pm



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Soren Larsson | 18:30 pm | casa Soren, Estados Unidos
Me sobresalté cuando su voz interrumpió y abarcó todos los lugares del pequeño salón donde posaba la televisión y unos pocos muebles. El dolor incrementó, cuando al verlo intenté ponerme de pie y fingir no mucho dolor, pero fracasé e internamente me maldecí por ello. Le miré avergonzada, tampoco es que quisiera que me viera en el suelo, como productora de desordenes, pues más que mal, era un pequeño departamento, en el que amablemente me había invitado a compartir y yo con mis afanes estúpidos de señorita malcriada, ¿tenía el derecho de provocar tanto problema?, pues no. Pero tampoco podía marcharme, jamás me había sentido tan bien con mi soledad y haciendo caso a mis actos de rebeldía.

Mordí mi labio inferior abrumada, ahora. Tenía el derecho de regañarme, de estar molesto y ocupar su tono irónico -aquel que siempre me sacaba de quicio- además, él había empleado su tiempo en buenas prácticas; cambiaba por mí ¿y yo?, yo era la misma Ophelia de siempre. —no me digas eso...—murmuré angustiada. Ahora le miré, justo cuando se adentraba al salón y tiraba en el sofá, cerca de mi violín, un par de bolsas. Hicieron un ruido de choque entre vidrios y me asusté levemente con el golpe que hicieron en mis oídos—¿qué traes a...?—pero no me dejó terminar, pues su cercanía hizo latir rápidamente mi corazón. Cuando sus brazos rodearon mi silueta para cargarme, procuré no respirar, no podía concentrarme en ambas cosas; su contacto y el dolor. —¡No me digas tonta! ¡No me trates así, qué duele!—me quejé sintiendo como otro par de lágrimas acariciaban mis mejillas y humedecían finalmente mis labios—Yo sólo quería...—pero tampoco pude terminar esta vez, pues de nuevo amenazaba con dejarme sin aliento. Me mantuve serena cuando sus manos se encontraban en contacto con mi piel y le miré a los ojos durante ese momento, era una especie de hipnosis, era de alguna manera tranquilizador—¿a caso crees que quería hacerlo a propósito?—me defendí. Me sentía demasiado herida, como para soportar más regaños. Miré con detalle su expresión, no podía identificar muy bien si estaba muy enojado o algo preocupado. Me ponía mucho más nerviosa que su silencio fuera lo único que pudiera percibir durante el momento.—¿A dónde me llevas? ¡Estaré bien!—me incliné hacia atrás para que fuera incapaz de jalarme, todo con ello, con el dolor en mi mente. Si tenía intención de sacarme de la casa, era porque el pie estaba más grave de lo que yo creía. —ni siquiera sé bailar muy bien ballet—me quejé, ciertamente me había salido de las clases porque me había enamorado del violín. Sólo quería relajar mi mente, pero ya vi que aplicar la ciencia del baile, no era lo recomendado cuando sólo fuiste por 6 meses con tu profesora de baile. Todo mal, todo mal.

Tanto era el dolor, que me tuve que tragar las ganas de caminar por mi propia cuenta, al menos contaba con que Soren tendría la suficiente fuerza como para cargarme, y me dejé. Rodee con mis brazos su cuello y apoyé mi cabeza cerca de su pecho, hasta pude escuchar cómo palpitaba. Me concentré en ese sonido y cerré mis ojos, para evitar que las lágrimas volviera a salir. Jamás estuvo en mi naturaleza ser una niña llorona, pero ahora todos los problemas se aglomeraban en una situación y nada más quería desahogarme a través del dolor de mi pierna. Llevé a mi mente, el momento en que Soren apreció en mi vida, con sus aires de rebelde, con esa confianza que jamás había visto en nadie. Entonces pude ver que esa sonrisa era sincera y más cuando fue el único que me comprendió cuando me sentía sola. Ahora estaba recordando todas las veces que me hacía sonrojar y yo no recordaba que hubiera sido plenamente agradecida con él. Quizá, esa era otra razón por la cual él se sentía molesto. Soren ponía mucho de su parte, más yo era una niña que encantaba recibir atención.

A ratos percibía el aroma de su perfume masculino y eso me tranquilizaba, pues lo sentía cerca— lo siento mucho, Soren...—era sincera, la "señorita nunca me equivoco", esta vez, aceptaba su error. Y estaba muy arrepentida no haberlo hecho antes.
thanks rapture


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