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Tell me, princess, now when did you last let your heart decide?

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Tell me, princess, now when did you last let your heart decide?

Mensaje por Alí Dagach el Sáb Feb 08, 2014 10:21 pm

·:
Con Jasmine| 11  de la noche | Manama, Baréin – Calles de la ciudad, a las afueras de Coccon Lounge.
·: Flashback

Las luces descollaban en medio de la oscuridad, no como un cielo lo haría en salpique constante de refulgentes estrellas, sino solamente como aquel lugar sabía perpetrar; en una revuelta de colores, forajidos ante la vista, que aturdían y arramblaban sentidos, y azoraban, entre aquella lid musical y clamorosa que abarrotaba audiciones y sobrellevaba la excesiva atención.El olor a alcohol sabía como  estando en tus propias papilas gustativas, y podía sentirse casi quemando hasta el inicio del estómago, provocando una instantánea sensación inevitable a vahído. El humo del cigarro se confundía con la natural anubarrada ambientación, la neblina envolvía cuerpos y a algunos rostros los tornaba difusos. Las risas abarrotaban las calles de depravación, incluso la bebida tintineaba de sus labios e inundaba sus alientos. Las prostitutas condecoraban un tanto de tan típico cuadro que desprendía muerte, pero Dagach las ignoraba como ya estaba acostumbrado. Algunas chicas, de rasgos fuertemente connotados de extranjeros,  se aireaban en vestidos cortos y tacones altos,  y sus cinturas se embalaban en los brazos de otros hombres. Pensó Alí, alguna le habría de haber guiñado, pero no supo distinguirlo entre aquel vorágine  y entorno tan vertiginoso y rápido, rápido…que huía y regresaba a una velocidad olímpica, importuna y te dejaba imposibilitado de respirar.  Sin embargo, si eras listo, sabrías sería fácil cerrar los ojos, quedarte a oscuras y disfrutar  lo que la noche montuosa ofrecía, a punta del crepúsculo.  

La mayoría de clubs en Baréin permitían la entrada a menores de edad, facultaban la oportunidad de sin más, beber y bailar con adultos. Pero Alí, podía decirse que definitivamente no estaba en el humor y a decir verdad, nunca lo estaba.  No bebía pues era altamente receloso del bienestar de su cuerpo, quería conservar su salud y sabía no lo haría cayendo, de una forma ciega o absurda, a algún tipo de adicción toxica, que en algunos años le cobraría un importe sumamente alto, el cual tampoco estaba dispuesto a pagar…al menos no por placer efímero.  Y para él, no había la ganancia en matarse a sí mismo de tan taciturna manera.

Alí se recargó unos momentos sobre la consumida pared de algún pedestre local, y permitió a su cabeza callejear lejos de su viva sustantividad. Al cabo de unos minutos, aspirar en aquella espesura de atmósfera,  las melodías mezcladas y el sentimiento de zambullirse en un piélago de gente, Alí decidió era hora de marcharse. Antes de que pudiera dar vuelta siquiera,  llamó su  atención la barahúnda que se sublimaba a raíz de un altercado, segundo tras segundo, se liberaba amenazando con volatilizarse y tornarse aún peor.  
La mirada intrusa de Alí primero dio con un par de ojos que, en ese momento, le parecieron los más hermosos, vibrantes y entusiastas de vida, henchidos en una inflexión de desasosiego y además, de pánico. No debía mirar dos veces, para recaer en la cuenta de que la pelinegra estaba asustada. Aquello inconscientemente encolerizó a Alí, ¿quién se atrevía a enflaquecer a los provocadores ojos, que le miraban de vuelta y volverlos, como aquel cielo encapotado, cuando podría ser el más infinito despejado cielo, en su refulgencia y apoteosis? Alí detalló aún más: la piel gratinada se fundía con la oscuridad, y los orbes eran delineados por la felina silueta….más abajo, su muñeca era aprisionada contra la voluntad,  por otro hombre. Ahí fue que logró reaccionar en medio del ensimismamiento y las palabras lograron procesarse a través de su lengua.
—Suéltala — Habló claro y conciso, y cuando aquel sujeto torció la mueca en una de malicia, Alí supo que no pensaba gastar su saliva en algo banal, e iría directo a los actos. Sin demasiado preludio que entibiara las cosas, se lanzó hacia Alí, y aquello en lugar de molestarlo, lo dejó con una calma arrolladora y fosilizada, que le permitió no tener ninguna variante fuera de control y evadir los golpes brutos que el contrario le lanzaba, para Alí otorgarle uno preciso en pago, al plexo solar; un punto localizado en el centro del torso justo entre las costillas, que hizo al mero contacto, hacer caer al sujeto.
Después del ya desfallecido tipo, salieron unos cuantos más de la nada. El moreno no se preocupó por sí mismo, al fin y al cabo, sino por su recién protegida, que podría estallar en vicisitud y complicar las cosas. Cuando Alí alcanzó a evadir un puñetazo que venía hacía él, en un acercamiento le cogió el meñique, moviéndolo de forma brusca y vertiginosa hacia un lado, la flexión instantáneamente provocó una rotura. Sostuvo el dedo hacia abajo en su posición quebrada durante dos segundos para aumentar el dolor, le sintió retorcerse y Alí se alejó tan sólo para asestar una patada a un tercero, que dejó al desconocido fuera de pelea.

Y estaba por enfrentarse al último, cuando vio a su enemigo retroceder sobre sus pasos y titubear en sus movimientos, Alí formó un mohín de súbita gracia e intentó tomar a la pelinegra de la muñeca. —Vámonos, ya.— Le dijo sin mucho reparo, con su eterna seguridad y sin pensar que, tal vez debería empezar todo por una desinteresada proposición si no quería lucir intimidante. Si permanecían ahí, no dudaba que fuesen a darse un encuentro con la policía y entonces sí, no aseguraba un grato fin.
Por alguna razón, sentía la zaherida necesidad de protegerla, al menos mientras ésta continuase a su lado. De otro modo, sabía que no se lo perdonaría por el resto de su vida. Por absurdo que sonase, él, Alí Dagach, arribista y timador, estaba enamorado. A primera vista. Lo que lo hacía más incoherente de por sí.
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Re: Tell me, princess, now when did you last let your heart decide?

Mensaje por Jasmine Al Abdullah el Miér Feb 26, 2014 12:06 am


—Juro que no me siento nada, nada, nada bien, Nana —mi voz resonó a lo largo y ancho de la enorme y esmerada habitación—, lo mejor será que esta noche, duerma temprano —argumenté, manteniendo la postura con la que había comenzado todo esto—, por favor, discúlpate por mí con los invitados y diles que en algún otro momento, se los compensaré.

—Claro, yo se los haré saber, mi niña ¿quiere que te traiga algo, un medicamente, alguna ligera y deliciosa cena? —preguntó, manteniendo a su lado a una de las muchas encargadas que acudían hasta ahí para nivelar mi cuidado. De milagro lograba que me dejaran vestirme por mí misma y seguro si existiese alguna forma de facilitarme la manera de respirar; ellas lo harían.

—No, no, no —me apresuré a responder—, nada de eso… en realidad no me agrada la idea de saturarme con medicamentos que en realidad, no sé de qué están compuestos. ¿Y si eso llega a matarme?

—Oh, no seas exagerada —rió con ligereza—, eso es imposible —añadió—, los medicamentos se hicieron para ayudarle a mejorar, no a empeorar.

—Aun así… no me consta —ataqué una vez más y suspiré—, pero no quiero hablar más al respecto, muero de ganas por descansar un poco, los párpados… me pesan —mentí.

—En dicho caso, te dejo para que descanses. Si llegas a necesitar algo más, házmelo sabe de inmediato y acudiré lo más rápido que puedes, ¿entendido?.

—Entendido… pero por favor que nadie me moleste —fue lo único que pedí, lo único que en ese momento necesitaba.

—Nadie lo hará —aseguró por su parte, saliendo de la habitación tenuemente iluminada por la suave luz y por fin, tras horas de haberme mantenido bajo la mirada contante y penetrante de los demás, me encontré sola.


Me mantuve en silencio y esperé. Uno, dos, tres, cuatro… cinco segundos y como un rayo, alejé las sábanas de mi cuerpo y me escabullí hasta mi guardarropa. Me despojé de la llamativa ropa para dormir que normalmente, empleaba, esa que venía inmensamente impregnada con el dulzón aroma que les caracterizaba a cada una de mis prendas. Magia de la lavandería real. De entre las selectas y esplendorosas gamas de colores, texturas, cortes y estilos, tomé algo que pudiera ser catalogado como normal, después de todo, como la mayor parte del tiempo, se ausentaba en mi la necesidad de querer llamar la atención de los demás, más aun considerando las circunstancias que de un momento a otro, me envolverían, pero esas mismas de las cuales; nadie debería saber nada. El atuendo que en ésta ocasión portaría, no era mío… bueno, ahora sí, pero anteriormente no, y estaba cuidadosamente oculto debajo de pilas y pilas de telas selectas. En una ocasión, a una de las chicas que acostumbran ayudarme dentro del Palacio, se le extravió un cambio entero de ropa personal… ahora queda un poco más claro dónde estaba, pero mis motivos, eran buenos, un pequeño escape nada más.

Bajé los escalones dejándome guiar por los criados que iban y venían ajetreados con un montón de cosas por hacer. Me mezcle entre ellos y casi por inercia, de manera automática, llegué hasta la cocina. La puerta del servicio estaba abierta y con ello, mi rostro atrapó enseguida una luminosidad evidente. Intenté avanzar un poco más y por fin, tras segundos en los que el alma me había estado pendiendo de un hilo, la tenue noche y la exuberante luna, cayeron sobre mí.

Corrí, literalmente, por entre el bien podado césped, sintiendo que a la par, pequeñas gotas salpicaban mis piernas y de cierta manera, hacían. Llegué hasta los límites y una barda considerable, se abrió paso ante mí… ¿cómo pasaría de ésta? Observé a mi alrededor, analizando las pocas posibilidades que había. Uno; bien podría intentar por entre los barrotes de la puerta principal que a unos cuantos metros a mi derecha, se extendía. Dos; trepar el árbol contiguo de alguna u otra manera y escapar de una buena vez por sobre el muro. Tres; esperar que alguien más salga y nuevamente, aprovecharme de mi imagen actual para hacerme pasar por una conocida o algo así. Descarté la primera y la tercera opción, porque sería peligroso y la última porque no me apetecía tener que esperar más. Finalmente, volví a observar mi objetivo y antes de que me pareciera mala idea, me subí al rasposo tronco.

Llegué hasta una de las ramas más altas, con la altura suficiente como para cruzar hacía el otro lado. Estaba temblando, no podía negarlo, pero me encontraba tan cerca a la vez que sería absurdo rendirse en aquel momento. No limitándome por el miedo, avancé con una seguridad fingida y justo cuando creí que caería, mis manos rozaron el muro y me sostuve de ahí. Un último impulso y estaba ya sentada sobre este. Con una de mis manos, tomé nuevamente la rama y comencé a deslizarme al lado contrario, cuando le solté, ésta se movió ruidosamente de arriba hacia abajo como una balanza—. ¡¿Quién está ahí?! —gritó uno de los guardias, pero para ese entonces, estaba ya a una distancia considerable, valiéndome de la rapidez de mis pies.

No me detuve, ante nada, ni siquiera ante nadie y en más de una ocasión estuve propensa a chocar de lleno con algún transeúnte pero nada pasó a mayores, solo pequeños sustos. Por primera vez en mi vida sentía aquella inmensa libertad, no solo estaba fuera del palacio sin una esplendorosa e incómoda escolta, sino que había llegado ahí por mis propios méritos. Escalé un árbol, esquivé una barda de cerca de tres metros y sobra decir que me sentía invencible. Pero de igual forma resulta obvio el hecho de que, estaba muy lejos de serlo.


—¡Ten cuidado, niña tonta!—de pronto, choqué con alguien y una presión sobre mi muñeca que me hizo parar de golpe—, ¿de quién o qué intentas huir? —preguntó una vez más el hombre que se había atribuido responsabilidades que simplemente, no le correspondían.  

—Eso es algo que a ti, no te importa —respondí con efusividad—, ahora suéltame antes de que te arrepientas —grazné, mirándole con un repudio naciente y a la vez, dando enseguida con la inocente mirada de dos pequeños niños—, además, ¿qué es lo que estás haciendo a esas pobres criaturas? ¡abusivo!

—Eso es algo que no te incumbe —de pronto, el enojo en su ser pareció aumentar considerablemente, no me soltó, sino que reforzó el agarre y aunque comenzara a lastimarme, fingí no inmutarme—, esas critaturas como las llamas, son unos ladrones.  

—¿Ladrones? —formulé—, ¿y según tú que han robado? —quise saber, después de todo para armar tal escándalo, seguramente sería algo casi invaluable.

—¡Una manzana! —respondió como si tuviese la razón como para reaccionar de tal manera aunque para mi, evidentemente no poseía ni una pizca de buen juicio.

—¿Y por una manzana estás haciendo todo este escándalo? —exigí saber, dando un pisotón que le tomó desprevenido—, ¡corran, ya, ya, ya! —me dirigí a los niños que de un momento a otro, desaparecieron.

—¡Hija de puta! —se dirigió a mí, nuevamente aprisionando mi muñeca con mayor fuerza en esta ocasión—, ahora tú pagarás por esa jodida manzana y no me importa si no traes ni un centavo contigo… —¿a qué se refería con eso? Mis ojos se abrieron de par en par con evidente horror, quería y debía huir de ahí en ese preciso momento.

Por un momento, creí todo perdido y me maldije por ser tan ingenua, ¿cómo se me ocurría que contra ese hombre y su acompañante, podría?—Y si no la suelto, ¿qué? —rió—, no te metas en esto muchacho o te irá peor —por un momento me distraje, solo un minuto en el que intenté pensar en cómo salir de ahí y con eso bastó para que todo, tomara un giro distinto. Mi muñeca sintió aquella libertad y sin dudarlo, me posé detrás del chico que parecía, tener todo bajo control, ¿cómo es que alguien de su complexión podía ganarle sin derramar una gota de sudor a un hombre que doblaba, tal vez triplicaba su tamaño? Quedé impresionada y si no fuera por el miedo que aun yacía en mí, podría haber observado todo con mucha más atención, sin embargo, este poco a poco, comenzó a disminuir hasta desaparecer, ¿podía sentirme segura a su lado? Algo en mí me decía que sí.

Observé la mano ajena y deduje lo que quería hacer, aun así, no me gustaba que me tomaran de la muñeca y preferí ajustar mi mano a la suya. Un escalofrío recorrió mi cuerpo de pies a cabeza y no atiné a responder absolutamente nada, al menos no hasta que nuestros apresurados pasos, se detuvieron—. Gracias —atiné a decir aun con la voz entre cortada por el montón de emociones que me vi obligada a vivir—, es decir… por ayudarme, de esa manera —añadí, dejando más en claro a qué me refería, aun así, por alguna extraña razón me sentía tonta, incapaz de poder cruzar media palabra con aquel chico sin que la vergüenza inundara de nuevo mi cuerpo de pies a cabeza—, fue impresionante, en realidad fue muy impresionante... jamás había visto a alguien enfrentarse con otros de esa manera… es más, no te voy a mentir, por un momento temí que pudieran hacerte algo —admití, sonriendo un poco y así, comenzando a fijar mi mirada en él. En ese momento y  bajo la casi inexistente luz nocturna sus rasgos se tornaron filosos y  atractivos con una facilidad impresionante—, oh por cierto… soy Jasm- —y me detuve antes de completar mi nombre. Entonces caí en cuenta que el hecho de hacerle saber quién era, no me convenía en lo absoluto—, solo Jasmine —me corregí, sonriendo mucho más tranquila—, así que, ¿me dirás cuál es tu nombre? así sabré con más exactitud a quién agradecer —pregunté, no solo por amabilidad sino porque en verdad quería saberlo. Tenía esa cualidad con la que, independientemente del poco tiempo que llevábamos conociéndonos despertaba una inmensa curiosidad en mí, ¿a qué se debía todo aquel magnetismo tras el cual, cedía sin poner pero alguno?


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